El avance de la transformación digital ha llegado finalmente a El Petutall de la mano de Sisco, un ganadero local que ha logrado optimizar sus procesos diarios mediante la implementación de un sistema de inteligencia artificial casero. El vecino ha automatizado el racionamiento de pienso y la apertura de los corrales conectando una vieja tablet a una serie de poleas y sensores de movimiento. Sin embargo, su objetivo no es aumentar el margen de beneficios ni expandir su cabaña ganadera, sino liberar exactamente cinco horas semanales para dedicarlas íntegramente a su verdadera pasión: la supervisión estática de las obras de pavimentación de la calle Mayor.
El sistema, que Sisco denomina Algoritmo de Pastoreo Inteligente, utiliza una red neuronal capaz de distinguir entre una oveja hambrienta y un gato que pasaba por allí, evitando así el desperdicio de grano. Gracias a esta eficiencia técnica, el ganadero puede personarse en el perímetro de seguridad de la zanja municipal con la antelación suficiente para ver cómo descargan la primera carretilla de arena, un momento crítico que antes se perdía por culpa de sus obligaciones laborales analógicas.
Si no fuera por la IA, ahora mismo estaría echando de comer a los cerdos y no me habría dado cuenta de que el de la excavadora ha vuelto a usar la pala pequeña para un suelo que pide a gritos la de dientes reforzados.
La brigada municipal ha manifestado su inquietud ante este incremento de la productividad tecnológica, ya que la presencia constante de Sisco, con las manos entrelazadas tras la espalda y una mirada analítica fija en el subsuelo, ejerce una presión psicológica sin precedentes sobre los operarios. Mientras la tecnología avanza imparable, el vecino ya estudia actualizar su software para ahorrar media hora más y poder criticar también el tipo de grava utilizado en la plaza del Ayuntamiento.

